
Salí del cine de ver La Bola Negra hecho un auténtico mar de lágrimas, con el corazón encogido y las emociones a flor de piel. Siento que estamos ante una película tan compleja que, por eso mismo, quizás haya espectadores a los que, aunque les guste, no les atraviese de la misma forma. Yo tenía las expectativas altísimas y, aun así, en mi caso, las ha cumplido con creces.
De todas maneras, esas mismas expectativas pueden jugar una mala pasada a otros si entran a la sala esperando exactamente lo mostrado en los tráilers. En los avances, gracias a la selección de escenas y a la brutal adaptación de fondo de Camarón, parecía una película con mucha más epicidad de la que finalmente resulta tener. Y es que aquí la verdadera importancia no reside en la épica de la acción, sino en las emociones y en sus personajes.
La Bola Negra vuelve a demostrar la versatilidad de los Javis
Lo que sí está clarísimo es que lo que han conseguido Los Javis es único, convirtiendo la cinta en una clara contendiente para ganar el Oscar. Desde ya, estaré muy pendiente de la carrera de premios y sus apuestas, en las que La Bola Negra se encuentra bastante arriba. Para mí, esto es mi particular mundial de fútbol.
La versatilidad que tienen como directores es enorme, han pasado de la absoluta comedia o un musical, a un drama bélico donde los recursos visuales y narrativos están exprimidos al máximo, lográndolo con una décima parte del presupuesto de cualquier película palomitera de Hollywood. Al salir de la sala, lo que noté fue esa extraña sensación de saber que, con el paso de los días, la cinta iría gustándome cada vez más, encontrándole nuevos matices y detalles. Y así ha ido siendo. Cuando una película te hace querer empaparte de otras obras culturales, seguir leyendo y aprendiendo sobre ciertos temas, sabes que la huella y el poso que te está dejando es importante. Solo por eso, ya sé que es una obra espectacular.
Es un cuadro en movimiento sobre nuestra historia
La historia va desgranando sus tramas poco a poco, hasta que llega un momento en el que la propia película quiere que sepas cómo van a desarrollarse las cosas. La emoción nace de esa tensión contenida que acaba sintiéndose como una auténtica catarsis. Es como estar delante de un cuadro en un museo: aunque sepas admirar su belleza, a ti te puede impactar de una forma totalmente distinta que a la persona que tienes al lado. Porque La Bola Negra es justo eso: arte.
Suena a hipérbole, pero hacía mucho tiempo que no sentía que una película tocaba todas las teclas de manera tan excelente: montaje, música, guion (y la ausencia del mismo cuando el silencio es más necesario) o fotografía. Todo se une para potenciar los mil mensajes que transmite y que son más útiles que nunca en pleno 2026: una historia sobre la humanidad, la libertad y la empatía. Es una propuesta imprescindible para los más jóvenes, no solo para recordar partes vitales de nuestra historia, sino también para que sepan que tienen derecho a ser ellos mismos. Porque sí, este país tiene todavía demasiadas historias enterradas en los campos.

¿El Parásitos del cine español?
Todas las actuaciones son de diez, pero me han sorprendido muchísimo las de Milo Quifes y Guitarricadelafuente. La manera en la que la cinta construye sus tres historias es maravillosa y hace que se te pase volando, a pesar de superar holgadamente las dos horas de duración. Tiene un par de frases que se me han quedado grabadas a fuego en la mente, pero es mejor no ponerlas aquí para que las descubráis por vosotros mismos.
El cine español lleva años demostrando una calidad altísima, y ya va siendo hora de que miremos de tú a tú a esas industrias de otros países que siempre tenemos en un pedestal. Esta va a ser la gran ocasión para posicionarnos al mismo nivel y conseguir ese reconocimiento internacional. Sinceramente creo que La Bola Negra puede ser nuestro particular Parásitos y es que tras el Oscar a aquella película, la relevancia del cine surcoreano aumentó con creces en todo el mundo. ¿Estamos ante la obra que logrará lo mismo para nuestro cine? Yo lo tengo claro.













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