
En 1993 el estudio Cyan lanzó al mercado Myst, una aventura point-and-click para ordenadores que acabó siendo un enorme éxito de ventas con más de seis millones de copias vendidas. Myst nos ofrece un mundo casi onírico donde estaremos solos la mayor parte del tiempo y deberemos resolver puzles como si de una espace room se tratase.
Cuatro años después se lanzó Riven, la secuela directa que continuaba con la historia de su predecesor. Como dato, este juego se lanzó con cinco CDs, siendo uno de los más grandes del momento. Con el tiempo, ha habido constantes remasterizaciones, ports y hasta un remake, quienes son nuestros protagonistas de hoy.
Ya disponible en PlayStation 5, podemos jugar ambas obras tanto en modo normal como en modo VR, siendo este el que vamos a analizar. En conclusión general, tanto Myst como Riven son videojuegos que gustarán al público que disfrute de las escape room, aunque hay que decir que el desafío es uno muy elevado.

Comenzando por Myst, tanto este como su secuela pueden durar una buena cantidad de horas, dependiendo de nuestras habilidades y si decidimos usar una guía o no. Myst nos pone en la piel de un personaje que llega a una isla desierta con ningún objetivo realmente. Normalmente los videojuegos nos presentan a nuestro héroe y nos explican un poco qué pasa y qué hay que hacer.
Y en Myst pasa esto. Una ligera introducción que aparentemente no dice mucho, y después estamos en la isla. Sin diálogos, sin interrupciones, nada. Estás tú y el juego, y tienes que “adivinar” qué hay que hacer. Este es tanto su punto fuerte como su punto más controversial, puesto que tanto Myst como Riven no son juegos para todo el mundo.
En esencia, podríamos definirlos como obras “escape room”, videojuegos que, en realidad virtual, quieren ofrecer una experiencia de resolución de puzles para seguir avanzando. El caso es que, permitidme la broma, aquí tenemos el Dark Souls de las escape rooms debido a que la mayoría de puzles son muy crípticos y no se especifica un orden concreto.

Algo que sobre todo a los que ya tenemos una edad nos fascina es jugar videojuegos con una libreta al lado para ir apuntando notas, códigos y similares. Si jugamos en el modo normal claro que podemos hacer esto, pero si estamos con el casco de realidad virtual… Pues claro, es un poco engorroso ir quitándose y colocándose el casco.
Una pequeña ayuda que tenemos es la torre, donde si movemos una rueda de un cuadro localizada en el mismo sitio, podremos ver una pequeña pista para no perdernos: una cantidad de voltios, unas fechas, un número específico… La solución es hacer captura de pantalla y, cuando lleguemos al puzle, mirar la captura.
¿Por qué digo esto? Porque el juego no tiene un cuaderno donde tomar notas, ni tampoco hay una opción para recuperar esa pista. Por eso la broma de que este juego es bastante difícil en este aspecto. Y para más inri, es posible jugar en un modo randomizer. En otros asuntos, el juego se ve precioso en cuanto a apartado artístico, sientes que estás en la isla de Myst.

Lo malo es que la versión de PS VR2 podría verse un poquito mejor. Y todo esto que os he dicho lo podemos llevar también a Riven, la secuela, ya que es prácticamente lo mismo, mismos puzles complicados, gráficos mejorables en PS VR2, aunque a su favor hay que decir que es un poco menos críptico que su predecesor.
Si os gustan las escape rooms complicadas, de estas de haceros pensar, de calentaros la cabeza y que os supongan un verdadero desafío, tanto Myst como Riven son vuestras mejores opciones. En cambio, si preferís obras más ligeras y menos complicadas, desafortunadamente no lo podemos recomendar.
Eso sí, recordamos que la versión de PlayStation 5 no es exclusiva de la realidad virtual, se puede jugar perfectamente con un mando tradicional. Por lo que si aún siendo difícil os gusta tener una libretita al lado para ir apuntando notas… ¡Puede que sí lo paséis de maravilla!
Este análisis se ha escrito desde la versión de PlayStation VR2 con una clave que ha facilitado Cyan a VidaoPantalla.















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