La degradación gradual de la pasión en aras de “la evolución natural” de la industria

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La degradación gradual de la pasión en aras de “la evolución natural” de la industria

Seis de enero de 2016. Una de mis aventuras más emotivas y extensas está por comenzar, pero por el momento, la fría mañana aguarda a The Witcher III bajo un envoltorio de motivos navideños. En la portada, Geralt de Rivia desenvaina su espada de plata, dispuesto a dividir en dos mitades a un ghul. Mientras escribo este breve espacio introductorio, el brujo sigue impasible en mi estantería, preparando ese mismo ataque, sin imaginar que algún día el enemigo al frente sería una de las multinacionales de la que más respaldo recibió, Sony.

La empresa nipona dejará de producir formato físico para PlayStation a partir de enero de 2028. La estrategia digital de la titánica multimedia, aupada por la decisión de Rockstar, Games de no distribuir GTA VI en disco (aunque sí en carátula con un código dentro), culmina en un desenlace esperado; no por ello menos doloroso para los que alguna vez soñamos con enseñar nuestra colección a hijos o nietos, e incluso con que sus inexpertas manos heredaran lo que las nuestras, ya callosas, otrora disfrutaron.

A la hora de elaborar un análisis contextual del fenómeno digital encuentro un obstáculo; como fanático de la historia de la industria y conservador obstinado defiendo fervientemente la nostalgia del pasado y la permanencia física de los recuerdos. Abogo por la herencia libre y la propiedad personal, sin intermediarios. Como ciudadano de nuestros tiempos y periodista sobreviviente al paradigma de la Inteligencia Artificial (IA), comprendo la unilateral dirección hacia la digitalización y su propuesta de comercio, cómoda y accesible. No por ello, apoyo que la industria, o algunos de los poderes más destacables de esta, catapulten a toda una red de usuarios devotos, que ya han manifestado en reiteradas ocasiones su amor por el formato físico, diga Sony lo que diga respecto a las nebulosas estadísticas sobre las supuestas preferencias de los jugadores.

De todas las infames decisiones que la industria ha tomado, en unas ocasiones, y permitido, en otras tantas, aquella que me produce una mayor sensación de irritación es la de tomar al jugador como un seguidor servil que acata los designios de algo mucho más grande y poderoso, sin tener en cuenta que, como decía mi madre cuando me encontraba un paquete de tabaco y yo le decía que era de un amigo, “yo no soy gilipollas”. Efectivamente, cuando Rockstar o cualquier otra compañía te ofrecen un formato pseudofísico; una carátula con un código, nos están tratando por absolutos ineptos.

La degradación gradual de la pasión en aras de “la evolución natural” de la industria

Ahora bien, al Kratos lo que es del Kratos. Sony ha sabido conformar un ecosistema digital útil y eficaz, siendo PlayStation Plus su caballo de batalla. Y es que mediante una adaptación de lo que ya hizo en su momento el mundo cinematográfico o musical, mediante suscripción podemos adquirir PlayStation Plus Extra y Premium, dos nubes de juegos que, a mi juicio, mantienen un precio razonable. Extra permite jugar títulos de los últimos años, mientras que Premium es todo un abrazo a la nostalgia, con videojuegos tan icónicos como los primerizos de God of War o Ninja Gaiden. No obstante, a pesar de haber disfrutado enormemente con el servicio, siempre he sentido un ligero gusto amargo, un esporádico susurro que me recuerda que ese videojuego no me pertenece. No puedo alcanzarlo de la estantería, ni ahora, ni cuando quiera hablarle de él a mi descendencia. Sé que es un préstamo que debo devolver cuando el cronómetro de la suscripción expire o el declive de la nube acontezca. Es un estímulo que erradica la inmortalidad del bien y lo fragiliza hasta sentirlo ajeno.

Creo que a nadie le pilla por sorpresa el destino al que se enfrenta la industria. Los jugadores estamos enfadados, pero se nos pasará. Alega Sony que se trata del camino lógico; la adaptación inevitable a un mundo progresivamente intangible, digital. Es innegable que por la idiosincrasia de la evolución tecnológica debía suceder, pero se equivocan en sus formas. Se equivocan en el trato despachado a unos consumidores que son algo más que eso. Que han demostrado afán, pasión y compromiso. Que han conformado un nicho envidiable del que otros espacios culturales carecen. Las estadísticas de GTA VI demuestran la solidez de un entretenimiento que, si bien hoy se encuentra sentimentalmente herido, sabrá recompensar nuestro incesante apoyo, estoy seguro de ello.

No perdamos la ilusión bajo el yugo de las megacorporaciones. Sigamos coleccionando, ya no discos, no carátulas, pero sí recuerdos, narrativas, personajes y vínculos, porque eso, mi airado lector, no puede arrebatarse.


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