Compartir

Hay películas que funcionan a la perfección cuando solo buscas apagar el cerebro y pasar el rato. Si entras a ver Hokum con esa mentalidad, te lo vas a pasar bien y la vas a disfrutar. Sin embargo, está claro que la verdadera intención de la cinta no era quedarse en el entretenimiento fácil puesto que nos plantea un mensaje final y varias tramas que podrían haber dado muchísimo de sí, pero que terminan sintiéndose planas porque ninguna profundiza lo suficiente.

Un misterio enterrado en tierras irlandesas

La historia de Hokum nos traslada a Irlanda. Allí, un escritor que está enfrentándose a sus peores demonios viaja con las cenizas de sus padres para esparcirlas, pero se encontrará con que en el hotel donde se hospeda reside un oscuro misterio.

Es un misterio que se nos revela muy pronto y que el filme apenas nos permite saborear: el hotel tiene una habitación embrujada a la que, obviamente, nuestro protagonista no puede evitar acercarse. Junto a esto, se nos plantean muchas más subtramas y un abanico de personajes que tendrán mayor o menor interés para nosotros. En mi caso, me parecieron realmente interesantes, pero la película quiere abarcar tanto que al final apenas acaba ahondando en ninguno. Nos presentan a una familia y a unos trabajadores del hotel que parecen esconder un mundo entero, pero apenas nos dicen nada más, o a un loco en el bosque del que tampoco terminamos por conocer gran cosa.

Incluso la trama principal se encuentra en varias encrucijadas. Por un lado, está la habitación embrujada y, por otro, la vertiente de thriller sobre una desaparición. Creo que esta segunda línea podría haber tenido una mayor relevancia o, al menos, haber mantenido un misterio mucho más potente.

Al haber tanto contenido, todo se resuelve con explicaciones demasiado escuetas. El protagonista, como decía, arrastra una fuerte lucha interna y acaba enfrentándose a la culpa y a sus propios traumas como escritor, pero esa evolución no la vemos cocinarse en pantalla, simplemente sucede porque toca.

Atmósfera gótica frente a los agujeros de guion

Soy el primero al que le gusta, de vez en cuando, ver una película y no sobreanalizar cada plano. Pero cuando algunas piezas me empiezan a chirriar, mi mente activa el modo «sobrepensar» y caigo en todas aquellas cosas que de otra manera me pasarían por alto. Detalles como: ¿por qué no rompe una ventana para huir de donde está? ¿O por qué no hay teléfonos móviles disponibles estando la historia ambientada en la actualidad?

Pese a todos estos pequeños defectos que parecen acumularse, hay una parte muy importante que sí me dejó satisfecho: su faceta de terror. La película sabe generar tensión de una manera notable y sostenida en el tiempo. Logra crear un ambiente gótico y tétrico gracias al juego que da el hotel, y aunque recurre al susto más clásico, donde suenan ruidos de fondo y música fantasmagórica, los golpes de efecto acaban siendo bastante resultones, exceptuando un pequeño abuso del jumpscare gratuito.

Hokum es ideal para apagar el cerebro

Con todo esto sobre la mesa, Hokum sigue siendo una opción muy fácil de disfrutar si lo que buscas es desinhibirte un rato y pasar algo de miedo sin demasiadas pretensiones. Eso sí, el mejor consejo que os puedo dar es que no intentéis buscarle los tres pies al gato ni exigirle grandes explicaciones a su guion. A veces, un buen ambiente gótico y un par de botes en la butaca son más que suficientes para salvar la noche.

 


Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *