No vais a matar nuestra pasión

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Odio. Dejadme decirles todo lo que he llegado a odiarlos desde que comenzó esta barbarie. Mi salita de juegos se halla ocupada por cientos de videojuegos impresos en finísimas capas de un disco o un cartucho. Si la palabra «odio» se hallara grabada en cada nanoangstrom de estos videojuegos no igualaría a la billonésima parte del odio que siente por los seres humanos en este microinstante por las decisiones de mierda. Odio. Odio.

Y es que normalmente suelo mantener un lenguaje limpio y ordenado para dar una buena impresión, no obstante, cuando llegan noticias así, «mierda» es la única palabra con la que puedes definir una decisión. Desde mi etapa adulta he sido fan de Sony y de PlayStation. Tengo en mi haber todas sus videoconsolas y las he disfrutado hasta el infinito.

He defendido hasta el agotamiento a PlayStation Vita como la mejor portátil jamás diseñada. He consumido y creado contenido de uno de sus periféricos más polémicos, la PlayStation VR2. Dejé de comprar juegos digitales en Steam mucho más baratos para tenerlos en físico.

Y así es como nos lo agradecen. Ni de coña esto es una dirección natural. Lo será para Xbox con GamePass, pero no para PlayStation. Lo natural es que las tiendas de consolas que llevan más de 10 años inactivas acaben cerrando. Lo natural es dar la opción de disfrutar de tu videojuego tanto de una forma como de otra.

Pero imponer un solo modelo cuando puede vivir con armonía con el otro no es más que puro egoismo empresarial. Soy consciente de que los componentes suben de precio y quiénes son los culpables. Y precisamente porque sé quiénes son, somos nosotros, los jugadores, quienes no debemos pagar las consecuencias.

Sony todavía está a tiempo de decir que esto ha sido un estudio de mercado para ver la reacción de su público. Y espero, más les vale, así sea.


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