
El verano suele ser esa época de transición en la que tiramos de backlog para matar el tiempo, asumiendo que las compañías se guardan sus pesos pesados para la recta final del año. Los lanzamientos estivales a menudo acaban siendo un mero pasatiempo irrelevante, carne de cañón para un par de tardes. Por eso, no esperaba en absoluto encontrarme con uno de los juegos que recordaré durante mucho tiempo. Y menos aún viniendo de House House, el estudio australiano creador de Untitled Goose Game, un título que, sí, era genial para echarse unas risas haciendo el ganso (algo que esta gente tiene dominado), pero que no iba mucho más allá. Big Walk es otra historia.
Una isla, tus amigos y un caos maravillosamente diseñado
Estamos viviendo un resurgimiento de los videojuegos cooperativos de calidad, y bajo esa premisa parece haber nacido Big Walk. Se trata de un multijugador plenamente cooperativo donde nos soltarán en una isla, que funciona como un pequeño mundo abierto, repleta de puzles para resolver en compañía. Al inicio no hay un orden específico ni un objetivo muy claro más allá de ir resolviendo los rompecabezas que te vayas encontrando por el camino. No será hasta que investigues por tu cuenta cuando descubras qué es lo que debes hacer realmente.
El juego rezuma magia por todos los costados. Me cuesta seguir escribiendo a estas alturas porque no quiero destripar nada sobre el título en sí o sus puzles, simplemente, debe jugarse. Sobre sus rompecabezas únicamente diré que son muchos y muy variados: los hay de mímica, de ritmo, de memoria, de parkour… pero todos se acaban basando irremediablemente en la comunicación.
Big Walk nos permite crear islas para 2, 3 o 4 jugadores (aunque esta última configuración permite entrar hasta a 12 jugadores a la vez). Lo único que realmente cambia son los requisitos para algunos puzles. Creo que el título se beneficia muchísimo más de ser jugado a 4, ya que todos pueden participar activamente y se forman dinámicas más graciosas. Siendo más jugadores, simplemente hay más caos y algunos acaban relegados a ser meros espectadores.
Para facilitar estas reuniones multitudinarias, el juego está disponible en PC (Steam) y cuenta con juego cruzado, una decisión vital que derriba cualquier barrera y garantiza que ningún miembro del grupo se quede fuera de la isla por culpa del hardware.

Big Walk trabaja el arte de las mecánicas torpes y las anécdotas
Diciendo todo esto, puede parecer que el juego tampoco tenga mucho o nada que lo haga diferente o especial frente al resto. La realidad es que la magia de Big Walk reside en la enorme cantidad de risas y momentos divertidos que te hará vivir. Puedes pensar que lo bueno del juego es, simplemente, la gente con la que juegas (que también), pero veo un trabajo brillante de diseño detrás de cada decisión. No puedo evitar pensar que todo está magníficamente orquestado buscando generar esas dinámicas y anécdotas entre los jugadores, desde lo caricaturesco del movimiento de los personajes, hasta el diseño de sonido o los coleccionables.
Por poner un ejemplo: el objeto principal que tenemos que conseguir tiene una forma extraña y un tanto ambigua, y el juego nunca te dice su nombre. Tienes que conseguir grandes cantidades, por lo que, de manera natural, tú y tu grupo acabaréis inventándoos cómo llamarlo. Esto ha generado una dinámica genial en redes, con la gente comentando cómo han bautizado al dichoso objeto en sus partidas.
Los personajes también son extraños y sus movimientos resultan muy simpáticos, especialmente cada vez que tenemos que comunicarnos por señas. A esto se le suma el sonido. Me resultó hilarante estar en un puzle donde no podíamos hablar y, al no entender a mi amigo que estaba al otro lado de un cristal, este se puso a aporrearlo como un loco. El sonido de los golpes lo acabó convirtiendo en un momento memorable.
Otra cosa que habría que sumarle es que los controles son algo complejos de más, y pienso firmemente que están hechos así a propósito para que cometas errores tontos, como lanzar un objeto sin querer montaña abajo.

¿Es Big Walk un ‘friendslop’?
Hay tantísimo mimo y calidad en todo… Cuando hablas, los personajes mueven su boca o pico de forma cómica. Tenemos únicamente chat de voz por proximidad, por lo que separarnos (o caernos) también da pie a situaciones graciosas. Y cuando cae la noche, la oscuridad es total, solo distinguimos sombras, obligando a que alguien tenga que ir iluminando con una linterna. Los personajes se caen de culo. Podría seguir citando detalles y no acabaría nunca.
En algunos círculos de redes sociales están etiquetando al juego como un gran título friendslop, pero creo que esa etiqueta es completamente errónea. Big Walk es un juego único. En los últimos años, con este apogeo del cooperativo, hemos tenido muchos lanzamientos: campañas profundas para dos como It Takes Two, retos puros de puzles como We Were Here, y juegos para echarse unas risas rápidas como Meccha Chameleon.
Son estos últimos los que suelen denominarse friendslop: por lo general, juegos que se ven «baratos», con mecánicas simples, que buscan al streamer o influencer de turno pero carecen de profundidad. En cuanto se pasa la moda, acaban enterrados en un cajón. Hasta ahora no habíamos tenido un título que te diera las risas descontroladas de un friendslop combinadas con el pulido y el trabajo de diseño de un juego de puzles, y únicamente por las risas se le está intentando meter erróneamente en ese saco.
En un mercado saturado de competitividad tóxica, prisas y pases de batalla, Big Walk hace algo revolucionario: te pide calma y te invita, sencillamente, a disfrutar del tiempo con tus amigos. Algo que realmente he hecho y que agradezco de corazón. No es un juego cooperativo de usar y tirar, es una fábrica de recuerdos brillantes envuelta en un diseño inteligentísimo.
















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