
El pasado mes de septiembre toda la industria del videojuego sintió miedo con el lanzamiento de Hollow Knight: Silksong y muchos juegos movieron su fecha para no coincidir con el, pero hay excepciones, los desarrolladores de Hell is Us confiaron en su propuesta única y no movieron la fecha lo que hizo que este juego no recibiera el reconocimiento que se merece y que lo convierten en mi opinión en uno de los juegos olvidados del pasado año y que merecían mucho más.
Hay juegos que se explican con facilidad y otros que se resisten desde el primer momento. Hell Is Us, pertenece sin duda al segundo grupo. Es una obra que no se deja etiquetar con comodidad, que esquiva comparaciones evidentes y que parece disfrutar de su propia rareza. Desde su planteamiento jugable, hasta la estética peculiar de su protagonista y ese mundo de ciencia ficción teñido de fantasía oscura, el juego tarda en revelar qué tipo de experiencia propone. Y, sin embargo, cuando lo hace, ya es demasiado tarde: su extrañeza se ha instalado en la mente del jugador y no parece tener intención de marcharse.
Lo que empieza como una sensación de desconcierto termina transformándose en una propuesta sorprendentemente cohesionada, con un combate sólido, una exploración constante y una intriga narrativa que empuja a seguir adelante. Hell Is Us no es perfecto, pero sí profundamente singular, y esa singularidad acaba siendo su mayor virtud y también el origen de algunas de sus decisiones más discutibles.

En Hell Is Us asumimos el papel de Rémi, un soldado pacificador que regresa clandestinamente a Hadea, un país aislado del mundo exterior hasta extremos casi paranoicos. Hadea funciona como una suerte de Corea del Norte de inspiración europea: fronteras selladas, control férreo de la información y una población atrapada entre la propaganda y el miedo. Rémi nació allí, pero fue sacado del país siendo niño por su madre para escapar de una guerra civil que ya se estaba gestando. Años después, vuelve en busca de sus padres, solo para descubrir que el conflicto ha estallado con toda su crudeza.
Pero la guerra no es la única amenaza. Hadea está infestada por unas criaturas espectrales conocidas como Entidades Límbicas, seres antinaturales que recorren el territorio sembrando el caos. Entre facciones enfrentadas y monstruos sin rostro, Rémi deberá desentrañar los secretos de su pasado y de su linaje, mientras intenta comprender qué ha convertido a su país natal en un infierno a cielo abierto.
La narrativa se presenta como una reconstrucción de los hechos bajo los efectos de un suero de la verdad, mientras una misteriosa organización interroga a Rémi tras capturarlo. Este recurso le da al relato un tono introspectivo y fragmentado, reforzando la sensación de estar descubriendo una verdad incómoda, más que viviendo una aventura heroica tradicional.

Uno de los grandes aciertos de Hell Is Us es su mundo. La ambientación mezcla elementos de ciencia ficción contemporánea como coches, ordenadores, armas modernas, con vestigios de un pasado antiguo y casi mítico. Ruinas, monumentos y símbolos olvidados sugieren que Hadea arrastra una historia mucho más larga y compleja de lo que aparenta. Esta dualidad se refleja también en el diseño jugable: aunque el mundo es moderno, las Entidades Límbicas solo pueden ser derrotadas mediante armas especiales, las Armas Límbicas, obligando a abandonar las armas de fuego para empuñar espadas y hachas.
Esta decisión no solo define el combate, sino que refuerza el tono del juego, a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía oscura.
En lo jugable, Hell Is Us se articula en torno a dos pilares: combate y exploración. El sistema de lucha es cuerpo a cuerpo, basado en la gestión de resistencia y con un enfoque claramente táctico. Aunque pueda recordar en la superficie a los Souls, aquí hay diferencias importantes: los enemigos no reaparecen constantemente tras morir, lo que evita la repetición excesiva y pone el foco en explorar el entorno con calma.

El combate ofrece ataques ligeros y pesados, sistema de bloqueo, y una selección de armas con estadísticas diferenciadas. A esto se suma un dron que acompaña a Rémi desde las primeras horas y que permite activar habilidades especiales con tiempos de recarga: distraer enemigos, aturdirlos o facilitar el movimiento. Además, los Signos, habilidades equipables vinculadas a las armas, amplían las opciones estratégicas y permiten adaptar el estilo de juego.
Una de las mecánicas clave es la gestión de la energía límbica: al combatir, podemos canalizar esta energía para curarnos si acertamos el momento exacto. Dominar este sistema resulta esencial, ya que los objetos de curación son limitados y cada error se paga caro.
La exploración, por su parte, está estrechamente ligada a la resolución de puzles. Hell Is Us invita a observar, a leer pistas, a conectar ideas. Sus rompecabezas suelen ser complejos y el juego no tiene miedo de exigir atención y paciencia. Es uno de esos títulos que te empujan a tomar notas, a pensar antes de actuar. Incluso las actividades secundarias, como ayudar a los ciudadanos de Hadea o cerrar bucles temporales que permiten el regreso de los enemigos, están bien integradas y recompensan con equipo valioso.

Sin embargo, esta filosofía de diseño también genera fricción. Hell Is Us deja claro que no va a guiar al jugador de forma explícita. No hay mapa, no hay marcadores claros, y el seguimiento de las misiones secundarias es deliberadamente opaco. Esto refuerza la sensación de misterio, pero también dificulta completar todo el contenido. En más de una ocasión resulta frustrante saber que tienes una pista o un objeto clave sin recordar exactamente dónde usarlo.
El menú, repleto de notas y documentos, acaba siendo tan extenso que encontrar la información necesaria en el momento preciso puede resultar abrumador. Además, la ausencia de viaje rápido entre puntos de control, limitado a un único hub, convierte el backtracking en una tarea más pesada de lo deseable.
A esto se suma un final algo anticlimático, que no termina de estar a la altura del viaje previo, aunque deja entrever posibles futuras amenazas.
Pese a todo, Hell Is Us acaba dejando huella. Tras decenas de horas recorriendo una Hadea devastada, queda la sensación de haber jugado algo distinto, una obra con una visión clara y una personalidad inquebrantable. Su combate funciona, su mundo atrapa y su misterio empuja a seguir adelante incluso cuando el juego se empeña en no ponértelo fácil.
Hell Is Us no busca gustar a todo el mundo, pero sí recompensa a quien esté dispuesto a perderse en sus silencios, sus ruinas y sus secretos. Y, a veces, eso es más que suficiente.
Este análisis ha sido realizado gracias a un código proporcionado por Nacon España.
